domingo, 31 de enero de 2010

Segunda receta ligera: Espectacular pastel de pescado!

LA DIETA MEDITERRANEA COMO FACTOR PROTECTOR CONTRA LAS ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES

Autores: Dres. Karen Bauza, Fernando Bermúdez Arias y Valmore Bermúdez Pirela

La aterosclerosis y la cardiopatía coronaria se producen por una combinación de distintos factores, muchos de los cuales son modificables. Los factores relacionados con la dieta, concretamente la ingesta de grasa dietética, están directamente implicados en el desarrollo de cardiopatía coronaria. La mayoría de estas dietas seguidas por los países de la Europa occidental y septentrional poseen un elevado contenido en ácidos grasos saturados y ello presenta una fuerte correlación con los altos índices de morbididad y mortalidad por cardiopatía coronaria que se observan en estas zonas. En contraste, los países mediterráneos, donde la población consume la dieta tradicional y la mayoría de las calorías derivadas de las grasas proceden del aceite de oliva, existe una baja incidencia de cardiopatía coronaria.
Estudios epidemiológicos han demostrado las diferentes causas que influyen en el riesgo potencial de una enfermedad cardiovascular, dentro de estas causas podemos mencionar la obesidad, dieta inadecuada, cigarrillo, falta de ejercicio o sedentarismo, estrés y depresión, pero de todos estos factores quizás el que más afecta es el tipo de alimentación ya que en la actualidad la relación existente entre salud y alimentación está totalmente demostrada. Es por esto que al estudiar los hábitos alimenticios de las distintas poblaciones se comprobó que la alimentación de los países ribereños del Mediterráneo podía ser la condicionante de las reducidas cifras de colesterol que presentaban los mediterráneos cuando eran comparados con los habitantes de América del Norte, anglosajones y centroeuropeos, quienes consumían una dieta con mayor contenido calórico, basada en grasas y proteínas de origen animal, productos lácteos y dulces que cocinaban con mantequilla o derivados.
Como consecuencia de este hecho se acuñó el término de Dieta Mediterránea como dieta saludable, especialmente por su efecto beneficioso sobre las enfermedades cardiovasculares: factor de protección cardiovascular.
El término Dieta Mediterránea se caracteriza tradicionalmente por su abundancia de frutas y verduras, cereales, pasta, legumbres y frutos secos; aceite de oliva como principal fuente de grasa; consumo de pescado, pequeñas o moderadas cantidades de aves, carnes y productos lácteos, huevos y vino; es pobre en ácidos grasos saturados y presenta un elevado contenido en ácidos grasos monoinsaturados, principalmente derivados del aceite de oliva.
Esta tipo de alimentación, constituye una protección frente a enfermedades cardiovasculares, el cáncer y la diabetes mellitus, también previene la aparición de un segundo infarto de miocardio o disminuye el riesgo de fracaso de una intervención coronaria, ya que al parecer existen sustancias verdaderamente cardioprotectoras de las cuales las más relevantes son los antioxidantes, con importante presencia en el aceite de oliva.
En el mundo occidental existe un consumo calórico desmedido, con marcada disminución de la actividad física lo que conlleva a un requerimiento menor de energía y por consiguiente al acumulo excesivo de tejido adiposo. Igualmente hay un desequilibrio entre nutrientes, gran incremento en el consumo de grasas, disminución alarmante de hidratos de carbono complejos, aumento del consumo de azucares refinados, mayor consumo de proteína animal lo que implica un aumento en la ingesta de grasas saturadas y una disminución en el consumo de frutas, verduras, fibras, vitaminas y minerales. Todo esto produce grandes alteraciones dentro del organismo, cosa que no ocurre en aquellos países bañados por el Mediterráneo, que a pesar de haber adoptado hábitos alimentarios occidentales, continúan teniendo una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares así como de enfermedades neoplásicas, debido a las características de su dieta tradicional las que los protegen contra este tipo de padecimientos.
El reconocimiento definitivo de la Dieta Mediterránea por la comunidad científica internacional se produce en 1970 por un trabajo de investigación: Estudio de los Siete Países, realizado por Ancel Keys y el profesor Francisco Grande Covián, durante su estancia en EE.UU. En el Estudio de los Siete Países (Seven Countries Study), que podría calificarse como el principal estudio jamás emprendido para la investigación de la relación existente entre la dieta mediterránea y la cardiopatía coronaria, se halló una correlación directa entre el consumo de ácidos grasos monoinsaturados y la supervivencia durante un período de 15 años. Prácticamente 13.000 hombres (de edades comprendidas entre 40 y 59 años) participaron en el estudio, y se observó que las tasas de mortalidad atribuibles a cardiopatías coronarias durante el período de seguimiento de 15 años eran inferiores en los países con una ingesta elevada de ácidos grasos monoinsaturados y un bajo consumo de ácidos grasos saturados.
En este estudio se comparan los niveles de colesterol sanguíneo y la incidencia de mortalidad por enfermedad cardiovascular en siete países del mundo. El país que demostró tener el colesterol más equilibrado y menor número de muertes por enfermedad cardiovascular fue la isla de Creta (94 muertes / 100.000 habitantes), por el contrario en los países del norte de Europa, con una dieta muy rica en grasas saturadas y con colesterol elevado y desequilibrado, tenían una gran incidencia este tipo de enfermedades, fue Finlandia con 600 muertes / 100.000 habitantes, el país que quedó en primer lugar.
Los expertos en nutrición de diferentes países han buscado la forma de transformar las recomendaciones dietéticas promulgadas por la OMS en alimentos concretos y forma de prepararlos, encontrando que la Dieta Mediterránea coincide en su mayoría con las recomendaciones y que es un ejemplo práctico de cómo debe ser una dieta saludable.

COMO CONTRIBUYEN LOS ELEMENTOS DE LA DIETA MEDITERRÁNEA A MEJORAR LA ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR:
Este tipo de alimentación produce una mejora significativa del perfil lipídico (disminuyen el colesterol-LDL y los triglicéridos, aumentando o manteniendo los niveles de colesterol-HDL); reduce la oxidación de los lípidos, disminuye el riesgo de aterotrombosis, y mejora la función endotelial y la resistencia a la insulina.
La mayoría de estudios de intervención dietética se han orientado hacia una reducción de las grasas saturadas y un aumento de los hidratos de carbono y/o los ácidos grasos poliinsaturados. Los hallazgos positivos que se extraen de estos estudios han confirmado con rotundidad la necesidad de reducir la cantidad de grasas saturadas en la dieta.
Hasta el momento no se ha llevado a cabo ningún estudio de intervención epidemiológica que haya investigado especialmente el efecto de los ácidos grasos monoinsaturados en la prevención primaria de cardiopatía coronaria. Sin embargo, numerosos estudios dietéticos controlados han puesto de manifiesto que las dietas ricas en ácidos grasos monoinsaturados reducen de forma efectiva los niveles del colesterol asociado a las lipoproteínas de baja densidad (LDL) que, a su vez, disminuyen la incidencia de insuficiencia cardiaca y de mortalidad por enfermedades cardiovasculares.
La Dieta Mediterránea contiene cantidad suficiente y de forma equilibrada de antioxidantes como las vitaminas E y C, carotenoides y diversos polifenoles, que se encuentran presentes en las verduras, frutas, frutos secos, granos enteros, legumbres, aceite de oliva virgen y vino. Los antioxidantes tienen un papel importante en la prevención de las enfermedades cardiovasculares.
También el consumo moderado de alcohol posee efectos beneficiosos en la enfermedad cardiovascular. Las recomendaciones generales a la población sobre el consumo de cualquier tipo de bebida alcohólica, se debe tener en cuenta los efectos nocivos sobre la salud que conlleva el consumo excesivo o irresponsable del mismo. Dentro de la dieta mediterránea el consumo de vino, en moderada cantidad, contribuye a la acción cardioprotectora de la misma.

PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS DE LA DIETA MEDITERRÁNEA:

 Alto consumo de frutas, verduras, legumbres y cereales

 El aceite de oliva como exclusiva grasa culinaria.

 Consumo de pescado frente a carnes y derivados.

 Consumo habitual de legumbres y cereales.

 Moderado consumo de bebidas alcohólicas, especialmente el vino tinto

Alto consumo de frutas, verduras, legumbres y cereales
Es una de las principales características de la Dieta Mediterránea. El consumo de fruta fresca es hoy una recomendación desde todos los foros internacionales de alimentación, como muy beneficiosa para la salud, en algunos casos con una extraordinaria base científica y en otros sin datos contrastados por laboratorio pero si evidentes en las poblaciones que consumen este tipo de dieta.
Las frutas y verduras contienen un bajo valor calórico esto debido a su alto contenido en agua, que hace de estos alimentos, alimentos bajos en calorías. El consumo de fruta fresca, a cualquier hora del día, es una garantía para la salud ya que aportan vitaminas, minerales y fibra tan necesarios para la salud. La fibra dietética, que solo la podemos encontrar en los vegetales, es una fracción que no se va a digerir (resistencia a las enzimas digestivas) ni se va a absorber, pero que es muy beneficiosa para la salud ya que aumenta el volumen de las heces, la velocidad de tránsito intestinal y absorbe sustancias perjudiciales para la salud. Disminuye los niveles de colesterol sanguíneo ya que retiene ácidos biliares, esto implica que el hígado tenga que sintetizar más sales biliares a partir del colesterol sanguíneo, bajando los niveles de éste. El consumo de fibra, procedente de las frutas y de los vegetales, alimentos característicos de la Dieta Mediterránea, previene de esta forma la hipercolesterolemia.
Las frutas y verduras poseen un alto contenido en vitamina C, la vitamina C es el ácido ascórbico y una de las vitaminas más conocidas por la población en general, constituyendo un poderoso antioxidante. El oxígeno del aire que penetra en nuestro cuerpo por la respiración, da lugar a muchas reacciones oxidantes formándose radicales libres que son potencialmente nocivos, los radicales libres atacan a las membranas de las células o a su material genético, pudiendo llegar a producir la muerte de la célula o su alteración genética. La vitamina C junto a la vitamina E (presente en el aceite de oliva) y los beta-carotenos son poderosos antioxidantes, es decir moléculas que van a neutralizar a los radicales libres impidiendo que estos dañen a las células. La OMS recomienda aumentar en un 50% el consumo de alimentos que contengan estas sustancias, ya que por ejemplo, no es sólo la cantidad de colesterol presente en la sangre el único determinante de enfermedad cardiovascular, sino que es el colesterol oxidado el que produce el verdadero daño; para que este colesterol no se oxide, se necesita la presencia en nuestro organismo de estas sustancias antioxidantes.
También cabe destacar el alto consumo de pastas al dente y cereales integrales de la dieta mediterránea. Estos carbohidratos tienen un índice glicemico bajo. Este indice refleja la relación entre la subida de glucosa en sangre producida por un hidrato de carbono cualquiera en comparación con la que produciría un aporte de las mismas calorías en forma de glucosa pura o pan blanco refinado. Es preferible que la glucosa se vaya liberando paulatinamente en la corriente sanguínea para conseguir una adecuada captación en las células y evitar así la formación de grasas, la acidosis y otros trastornos.
El aceite de oliva como exclusiva grasa culinaria: hoy día se sabe que es el responsable de multitud de efectos beneficiosos para la salud, entre los que podemos destacar la menor incidencia de enfermedades cardiovasculares en las poblaciones que han consumido tradicionalmente aceite de oliva.
Décadas de trabajo de investigación han demostrado que, indiscutiblemente, la dieta ejerce una marcada influencia en los niveles séricos de lípidos y lipoproteínas. Por consiguiente, la dieta es una piedra angular tanto en la prevención como en el tratamiento de la dislipidemia y la cardiopatía coronaria.
Durante muchos años, no se prestó demasiada atención a los ácidos grasos monoinsaturados, que pasaron prácticamente inadvertidos. Sin embargo, recientemente se ha obtenido un gran acopio de indicios que demuestran que los ácidos grasos monoinsaturados podrían ofrecer ciertas ventajas con respecto a los carbohidratos y los ácidos grasos poliinsaturados como sustitutos de los ácidos grasos saturados en las dietas de los países occidentales.
El principal ácido graso monoinsaturado de la dieta es el ácido oleico, este es el ácido graso predominante en el aceite de oliva. A causa de los contundentes informes que afirman que la Dieta Mediterránea, rica en aceite de oliva, está acompañada de un riesgo muy bajo de desarrollo de enfermedades cardiovasculares, en estos últimos tiempos la atención de los científicos se ha centrado en esta clase de ácidos grasos.
En comparación con los ácidos grasos saturados, los ácidos grasos monoinsaturados de la dieta reducen los niveles séricos totales y de colesterol-LDL, mientras que las concentraciones séricas de colesterol-HDL apenas se ven afectadas, en consecuencia, la proporción colesterol-LDL/ colesterol-HDL es más baja en una dieta rica en ácidos grasos monoinsaturados que en una dieta rica en ácidos grasos saturados.
Durante mucho tiempo, los ácidos grasos monoinsaturados se han considerado menos beneficiosos que los ácidos grasos poliinsaturados con respecto a los lípidos séricos. Si en una dieta rica en ácidos grasos saturados llevamos a cabo una sustitución de estos por ácidos grasos poliinsaturados esto se traduce, a nivel sérico, en una reducción de las concentraciones no sólo de LDL-colesterol sino también de las de HDL-colesterol. Si la sustitución de los ácidos grasos saturados se efectúa por ácidos grasos monoinsaturados la disminución de las concentraciones de HDL-colesterol no es tan marcada.
Numerosos estudios han demostrado que cuando los ácidos grasos saturados de la dieta son sustituidos por ácidos grasos poliinsaturados o bien por ácidos grasos monoinsaturados, el efecto global tanto de los ácidos grasos monoinsaturados como de los ácidos grasos poliinsaturados en el ratio LDL-colesterol/ HDL-colesterol es similar. Ambos poseen efectos beneficiosos en lo que respecta al perfil lipídico sérico en comparación con los ácidos grasos saturados ingeridos a través de la dieta. Si comparamos la dieta media americana, la dieta baja en grasas y las dietas ricas en ácidos grasos monoinsaturados, se observa que estas ejercen efectos similares con respecto a las concentraciones séricas de colesterol-LDL. Sin embargo, los triglicéridos séricos se redujeron en las dietas ricas en ácidos grasos monoinsaturados y aumentaron en la dieta baja en grasas. Además, mientras que las dietas ricas en ácidos grasos monoinsaturados no afectaron a los niveles de colesterol-HDL, este parámetro se redujo en un 4% en la dieta baja en grasas. Por consiguiente, el perfil global de lipoproteínas séricas se vio afectado de un modo más positivo por las dietas ricas en ácidos grasos monoinsaturados. El riesgo estimado de desarrollo de enfermedades cardiovasculares se vio reducido en un 25% por la dieta rica en ácidos grasos monoinsaturados (aceite de oliva) y en un 12% por la dieta baja en grasas. Por tanto, los autores concluyeron que una dieta reductora del colesterol y con elevado contenido en ácidos grasos monoinsaturados resultaría preferible a una dieta baja en grasas debido a los efectos más favorables de la primera sobre el perfil de riesgo de enfermedad cardiovascular. En consecuencia se recomienda la sustitución de los ácidos grasos saturados por ácidos grasos monoinsaturados.
En el llamado Estudio de los 7 países, se demuestra que la presencia de ácidos grasos insaturados en la dieta disminuye el riesgo de padecer obstrucciones en las arterias del corazón. También se pone en relieve la relación directa entre los niveles de colesterol en sangre y la incidencia de infarto de miocardio, y entre la cantidad de grasas saturadas y los niveles de colesterol. El aceite de oliva virgen, ampliamente utilizado en la Dieta Mediterránea, tiene un 80 % de ácido oleico (monoinsaturado) y solo un 14 % de ácidos grasos saturados.
Otros estudios epidemiológicos, como por ejemplo el Estudio Framingham y el Estudio PROCAM, han puesto de manifiesto que elevadas concentraciones séricas totales de lipoproteínas de baja densidad asociadas al colesterol (colesterol-LDL), se configuran como los principales factores de riesgo de desarrollo de cardiopatía coronaria. Ello es cierto incluso en el caso de personas jóvenes, en las que el desarrollo de lesiones ateroescleróticas prematuras, está asociado a unos niveles de colesterol elevados en las lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL, very low density lipoproteins), las lipoproteínas de densidad intermedia (IDL, intermediate density lipoproteins) y las lipoproteínas de baja densidad (LDL, low density lipoproteins). Un análisis de tres estudios de cohortes a gran escala realizados en los Estados Unidos de América, en el que participaron más de 80.000 varones de edades comprendidas entre 18 y 39 años, puso de manifiesto que aquellos con unos niveles básales de colesterol sérico favorables presentaban una mayor esperanza de vida estimada, entre 3,8 y 8,7 años. Además, de forma reiterada y constante se ha repetido que una reducción de los niveles séricos totales y de colesterol asociado a las lipoproteínas de baja densidad (colesterol-LDL) conlleva menor riesgo de acontecimientos coronarios en la prevención primaria y secundaria. Recientemente, los análisis de 5 estudios de cohortes de gran envergadura revelaron que aquellos sujetos con unos niveles reducidos de colesterol en suero, una presión arterial baja o normal y sin hábito tabáquico presentan un riesgo muy bajo de desarrollo de cardiopatía coronaria y una esperanza de vida entre 5,8 y 9,5 años superior, en comparación con el resto de la población12,36,37.
Las concentraciones séricas del colesterol asociado a las lipoproteínas de alta densidad (colesterol-HDL), en cambio, han demostrado ser inversamente proporcionales al riesgo de cardiopatía coronaria en muchos estudios epidemiológicos, lo que indica que las lipoproteínas de alta densidad poseen propiedades antiaterogénicas.
Otra alteración común del metabolismo lipídico, aparte de los niveles altos de colesterol-LDL y bajos de colesterol-HDL consiste en una elevada concentración sérica de triglicéridos. Durante mucho tiempo, no seha conseguido esclarecer si un mayor nivel de triglicéridos séricos constituye un factor de riesgo independiente de cardiopatía coronaria. Un metanálisis reciente de la totalidad de datos epidemiológicos disponibles reveló que un incremento de los triglicéridos séricos aumenta el riesgo de cardiopatía coronaria, incluso si se tienen en cuenta todos los restantes factores de riesgo conocidos. Se calculó que para cada 1 mmol/l (89 mg/dl) de incremento de los triglicéridos séricos, se produce un aumento del riesgo cardiovascular cifrado en el 31% en el caso de los hombres y en el 76% en el de las mujeres3,26.
A partir de 1983, aparecieron publicados nuevos trabajos que completaban las investigaciones anteriores (Jacotot en Francia 1983, M. Oya y R. Carmena en España 1985, Mattson y Grundy en EE.UU. 1985). En pocas palabras, demostraban que los ácidos grasos monoinsaturados hacen aumentar la proporción entre el colesterol HDL y el LDL. También, se descubrió que el colesterol HDL tiene un marcado efecto protector frente a la acumulación de placas de ateroma en las paredes de las arterias. Los aceites de semillas (soja, girasol, etc.) tienen grandes cantidades de ácidos grasos poliinsaturados y pocos monoinsaturados. Aunque hacen descender el colesterol total en sangre, no aumentan la proporción de colesterol HDL frente al LDL, y no tienen por tanto el mismo efecto protector frente a las enfermedades cardiovasculares, que el aceite de oliva.
Otro aspecto que se debe destacar del aceite de oliva es su intervención en los procesos oxidativos, los ácidos grasos de la dieta pueden influir en la susceptibilidad de las células al estrés oxidativo, probablemente también por medio de la modificación de la composición en ácidos grasos de las membranas celulares. Las células enriquecidas con ácidos grasos monoinsaturados han demostrado ser menos susceptibles a las lesiones oxidativas. La producción de daño oxidativo en las células de la pared arterial puede contribuir a la progresión de las lesiones ateroscleróticas ya que la lesión oxidativa en la célula endotelial puede incrementar la probabilidad de rotura de las placas y la formación de trombos. No cabe la menor duda de que la nutrición desempeña un papel importante en la oxidabilidad de la LDL. En concreto, la calidad de las grasas y el contenido en componentes antioxidantes de la dieta influyen en la susceptibilidad de la LDL y de las células al daño oxidativo. Los ácidos grasos contenidos en la dieta pueden influir en la aterogenicidad de la LDL de distintas maneras.
La cantidad y composición de la grasa de la dieta afecta a la cantidad de partículas LDL que se hallan presentes en la pared arterial. La sustitución de ácidos grasos saturados por ácidos grasos monoinsaturados (MUFA) o ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) reduce los niveles de colesterol total y de colesterol asociado a las LDL. Los ácidos grasos contenidos en la dieta pueden influir asimismo de un modo directo en la susceptibilidad de la LDL a la oxidación a través de la modificación de su composición en ácidos grasos. Además, los ácidos grasos de la dieta pueden cambiar la composición en ácidos grasos de las células de la pared arterial, alterando así su actividad pro-oxidante y su respuesta al estrés oxidativo. Debido a su alto contenido en MUFA, el aceite de oliva parece poseer propiedades protectoras contra la oxidación de las LDL. Además, el aceite de oliva es capaz de proporcionar una protección adicional mediante el suministro a la LDL de antioxidantes potentes, como es el caso de la vitamina E y los compuestos polifenólicos. Diversos investigadores han comparado la influencia que ejercen los ácidos grasos monoinsaturados (MUFA) y los ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) de la dieta en la oxidación de la LDL17,21,33,38.
Hasta el momento, no se ha logrado esclarecer cual es el mecanismo que participa en la reducción de la susceptibilidad de las LDL a la oxidación, si es la reducción en ácido linoleico de las dietas ricas en MUFA, o si se debe a un efecto directo del ácido oleico. La cuestión está en aclarar si son los PUFA los que potencian la oxidación de la LDL o son los MUFA los que la reducen.
Se han realizado dos estudios en relación a este efecto Aviram y Eias5 en su estudio demostraron que la LDL obtenida al cabo de una y dos semanas de seguimiento de una dieta rica en aceite de oliva mostró una susceptibilidad reducida a la oxidación. Por otro lado Berry et al.6 confirmaron estos resultados en su estudio, en el cual compararon una dieta rica en MUFA (17 % de energía, grasas totales: 33 % de energía) con una dieta rica en hidratos de carbono (65% de energía; MUFA: 7%), manteniendo el contenido de PUFA constante en ambas dietas. La dieta a base de MUFA llevó a una reducción significativa en la susceptibilidad de la LDL al estrés oxidativo. Estos datos avalan el concepto de que las dietas ricas en ácido oleico reducen la oxidación de la LDL tanto mediante las propiedades antioxidantes intrínsecas de los MUFA como a través de la reducción del contenido de ácido linoleico en la LDL.
De lo antes expuesto se puede concluir que existen pruebas exhaustivas que indican que la modificación oxidativa de la LDL juega un papel principal y causal en la patogénesis de la aterosclerosis. La oxidación de la LDL empieza con la peroxidación de los PUFA en la partícula LDL. Por consiguiente, la composición en ácidos grasos de la LDL contribuye, sin duda alguna, al proceso de oxidación de las LDL. La composición en ácidos grasos de las LDL está influenciada por los ácidos grasos de la dieta y, como consecuencia, la cantidad y el tipo de grasas presentes en la dieta también afecta a la susceptibilidad de la LDL a los daños oxidativos. Las dietas ricas en MUFA producen unas LDL más resistentes a las modificaciones oxidativas que las dietas ricas en PUFA, debido a un enriquecimiento de las partículas LDL con ácido oleico, en lugar de ácido linoleico. Del mismo modo, la composición en ácidos grasos de las membranas celulares depende de la dieta, y las dietas ricas en MUFA llevan a un mayor contenido en MUFA en las membranas celulares y, por lo tanto, a una resistencia celular más elevada a las lesiones oxidativas.
La atención prestada a los beneficios de la Dieta Mediterránea se centraba en sus efectos favorables sobre la hiperlipidemia y otros factores de riesgo cardiovascular establecidos. En la actualidad, cada vez existen más indicios que indican que la elevada ingesta de MUFA en la dieta mediterránea por el consumo de aceite de oliva combina las ventajas de la reducción de los niveles de colesterol con una disminución de la susceptibilidad de la LDL y de las células a la oxidación, así como la reducción de la aterogenicidad de las partículas LDL.

Consumo de pescado frente a carnes y derivados
Otra característica significativa de la Dieta Mediterránea es el reducido consumo de carnes en comparación con el de pescados.
En estudios llevados a cabo sobre los esquimales pobladores de Groenlandia, se descubrió que la incidencia de enfermedades cardiovasculares en estas poblaciones era prácticamente nula. A pesar de que apenas consumían aceites vegetales, sus niveles de lipoproteínas de baja densidad (LDL) eran extremadamente bajos en comparación con los de lipoproteínas de alta densidad (HDL). El alto contenido de ácidos grasos poliinsaturados de la serie omega-3 de los pescados grasos que consumían en grandes cantidades explicaron este hecho. Estos ácidos grasos son un componente fundamental de los fosfolípidos de las membranas celulares y un factor decisivo en su capacidad de llevar a cabo intercambios químicos.
Existen investigaciones acerca del omega 3, aceite que producen los peces de aguas muy frías, estos estudios revelan que este tipo de aceite minimiza en los seres humanos el riesgo de padecer arterioesclerosis y reduce la formación de colesterol. El efecto que produce es una elasticidad a nivel arterial lo que disminuye significativamente el peligro de endurecimiento de las mismas. Además si se sustituyen de la dieta las carnes rojas por el pescado, alimento rico en omega 3 y parte importante en la composición de la Dieta Mediterránea, se reducen las posibilidades de formar colesterol, el cual se genera principalmente por la ingestión de grasas saturadas. Estudios han demostrado que las poblaciones que respetan esta cocina tradicional gozan de una tasa menor de probabilidad de caer en problemas cardíacos y colesterol consecuencia de la poca grasa saturada que ingieren.

Moderado consumo de bebidas alcohólicas: vino
El vino es un componente esencial de la Dieta Mediterránea y es uno de los factores responsables de la baja incidencia de enfermedad coronaria en las poblaciones mediterráneas31,32.
Estudios epidemiológicos han demostrado la relación beneficiosa entre el riesgo de enfermedad coronaria y el consumo de bebidas alcohólicas pudiéndose apreciar una disminución significativa del riesgo de mortalidad por enfermedad coronaria en bebedores moderados hombres o mujeres13,18,28,31.
En consecuencia, se hacen cada vez mas importantes los estudios bioquímicos con el fin de establecer los mecanismos moleculares por los cuales componentes particulares del vino protegen de la enfermedades cardiovasculares.
Entre los efectos observados en los consumidores moderados de vino aparece que ciertos componentes aromáticos y fenólicos, específicos de este, son los responsables de efectos benéficos sobre la salud.
En lo que concierne a las enfermedades cardiovasculares, la mayoría de los estudios demuestran un efecto benéfico superior del vino respecto a otras bebidas alcohólicas.
El consumo moderado de vino es un factor cultural presente en un gran número de sociedades, es todo un estilo de vida unido a una dieta alimentaria rica y equilibrada que conviene tener en cuenta. Un estilo de vida que podría ser el origen de las mayores longevidades constatadas en los países en los que el consumo de vino durante las comidas es importante y más particularmente en los países mediterráneos. Se disponen en la actualidad numerosos datos, cada vez más importantes, que afirman que el consumo moderado de vino tiene unos efectos benéficos principalmente sobre las enfermedades coronarias.
Los investigadores han sugerido numerosos mecanismos para explicar el efecto cardioprotector de un consumo moderado de vino. Entre estos argumentos se pueden destacar:

 Un aumento del Colesterol HDL (colesterol bueno). Estas lipoproteínas de alta densidad participan activamente en la depuración del colesterol en exceso dentro del organismo.

 Una disminución del Colesterol LDL (colesterol malo). El riesgo de enfermedades cardiovasculares y coronarias aumenta con la concentración de LDL. El colesterol transportado bajo esta forma se fija fácilmente en las paredes de los vasos sanguíneos y favorece la aparición de lesiones arteriosclerósicas.

 Una disminución de los mecanismos implicados en el fenómeno de coagulación y agregación plaquetaria. Las plaquetas sanguíneas son las células de la sangre que bajo la acción de ciertos factores pueden formar coágulos, con el riego de provocar la obstrucción de los pequeños vasos sanguíneos (trombo).

El consumo de alcohol y vino, en forma moderada, constituye un factor antiaterogénico, ya que se ha observado que el alcohol disminuye la reactividad plaquetaria. La coagulación sanguínea depende también de los llamados factores fibrinolíticos. Estos factores son modificados por la actividad del endotelio vascular. Se ha demostrado que vino, cerveza y alcoholes destilados por igual, a niveles de alcoholemia inferiores a 0.5 g/l, activan el sistema fibrinolítico disminuyendo la tendencia a coagula, también se encontró una asociación entre consumo moderado de alcohol y concentración plasmática del activador de plasminógeno endógeno de tipo tisular 21,33.
Los polifenoles son un gran grupo de compuestos presentes en la naturaleza que poseen anillos aromáticos con sustituyentes hidroxilos, y por tal motivo son potentes antioxidantes necesarios para el buen funcionamiento celular.
Como bien se sabe el proceso de aterogénesis se desencadena cuando en la pared arterial, en el subendotelio, macrófagos captan descontroladamente lipoproteinas de baja densidad (LDL), ricas en colesterol, transformándose en células espumosas que se acumulan. En el espacio subendotelial los macrófagos captan LDL, pero sólo captan LDL previamente oxidadas. Las captan porque estas células tiene receptores específicos, llamados receptores de aseo o receptores multiligandos . Se desarrolla así, la placa o ateroma, elemento central en la lesión vascular arterioesclerótica.
En cada partícula de LDL, junto a una molécula de proteína muy grande, hay aproximadamente 1700 moléculas de colesterol y 2700 de ácidos grasos de los cuales la mitad son ácidos grasos poliinsaturados. Para evitar la oxidación, cada partícula LDL protege sus casi 5000 moléculas lipídicas con sólo 6 moléculas de alfa-tocoferol y cantidades mucho menores de carotenoides y otros antioxidantes. Cuando los antioxidantes de las LDL se agotan, los ácidos grasos se fragmentan y oxidan produciendo daño en la proteína de la partícula. El daño de la proteína modifica sus cargas de superficie y se hace "reconocible" por los receptores de aseo de los macrófagos, y, simultáneamente, irreconocible a los receptores para LDL nativa o no oxidada presentes en general en todas las células, con excepción de los macrófagos. Es a este nivel que actúan los componentes polifenólicos (responsables de la actividad antioxidante) del vino. Es decir, el consumo regular de vino tinto aumenta la resistencia de las LDL a la oxidación, constituyendo una muy buena evidencia para explicar el efecto del vino según la hipótesis oxidativa de aterogénesis.
Estudios de intervención realizados en humanos con la intención de evaluar los cambios bioquímicos y fisiológicos inducidos por dietas ricas o pobres en antioxidantes naturales (frutas y verduras) y el efecto adicional de la suplementación con vino37,demostraron que tanto el consumo de frutas y verduras, típico de la Dieta Mediterránea, como el consumo moderado de vino es beneficioso para la salud ya que reducen significativamente el nivel oxidativo del individuo, y que una suplementación con vino aumenta la capacidad antioxidante del plasma tanto en el grupo que consumió una dieta estilo mediterráneo como en el grupo que consumió una dieta rica en grasas.
Se puede decir que con relación a la aterosclerosis, enfermedad que afecta a vasta cantidad de personas, el consumo diario de pequeñas cantidades de vino aporta al organismo un incremento en la cantidad de antioxidantes y de esta forma protege contra enfermedades coronarias. Por esta razón este pequeño consumo de alcohol puede ser sugerido a personas enteramente sanas.
La educación nutricional en nuestro país debe ir ligada a la potenciación del consumo de dieta mediterránea con todo lo que significa de concepción un estilo de vida que incluye, entre otros factores, una sabia combinación de alimentos. El resultado de esta alimentación, corroborado por amplios estudios epidemiológicos, es una protección frente a numerosas enfermedades entre ellas las enfermedades del corazón, previniendo la aparición de un segundo infarto de miocardio y disminuyendo el riesgo de fracaso de una intervención coronaria, es por esto que se la considera como un factor de protección cardiovascular.
La llamada Dieta Mediterránea, equilibrada y rica en aceite de oliva, frutas, verduras y pescado, asociada al consumo de dos o tres vasos de vino, puede considerarse aconsejable si no hay otro tipo de contraindicaciones.
Concluyendo se puede decir que los mejores aliados del corazón son todos aquellos alimentos ricos en fibra, ácido fólico, folatos y grasas vegetales, así como también las grasas que aportan los pescados ya que evitan el aumento del colesterol malo y a su vez protegen el estado de los vasos sanguíneos.

Bibliografía

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domingo, 17 de enero de 2010

Cómo mantenerse más saludable en el 2010

Algunas resoluciones para el año Nuevo para mejorar o mantener una Buena salud física, mental y cognitiva.

REGULAR LA GLUCOSA SANGUÍNEA MEDIANTE EL EJERCICIO, BUEN SUEÑO Y LA DIETA
La regulación de la cantidad de glucosa en la sangre parece jugar un papel central en la función cognitiva y en envejecimiento. Desde hace tiempo se conoce que algunas regiones del Hipocampo (Cerebro) son muy vulnerables a niveles elevados de glucosa, y que el pobre control de la misma en individuos con diabetes mellitus puede interactuar con otros desórdenes neuro-psiquiátricos, empeorando los procesos cognitivos.
Las posibles intervenciones beneficiosas ante estos problemas incluyen la actividad física, sueño regular y suficiente, y el control de la ingesta calórica. El ejercicio mejora los niveles de glucosa y la sensibilidad de los tejidos a la hormona insulina. Existe evidencia reciente que la administración de dosis elevadas de vitamina C y E bloquean estos efectos favorables.
Un patrón anormal del sueño es capaz de causar anormalidades en la presión arterial así como en los niveles de glucosa sanguínea, insulina y Leptina. En adultos mayores, la restricción calórica (y no así el incremento en la ingesta de ácidos grasos poli-insaturados) mejoran la memoria verbal y disminuyó los niveles de insulina plasmática y de proteína C reactiva.
La dieta mediterránea cuando se combina con el ejercicio, puede disminuir el riesgo de demencia y también es capaz de disminuir las probabilidades de sufrir depresión. Este tipo de dieta enfatiza el consumo de frutas, nueces, avellanas, almendras, legumbres, pescado, grasas saturadas (aceite de oliva y aguacate) así como un consumo moderado a elevado de alcohol en forma de vino tinto.
Por ejemplo, en un estudio realizado en España, se analizó el efecto de la dieta mediterránea sobre la incidencia de depresión en 10.094 sujetos durante un seguimiento de 4.4 años (Arch Gen Psychiatry 66:1090), concluyéndose que la adherencia a la dieta mediterránea se asoció a una menor incidencia de de depresión y alteraciones del metabolismo de la glucosa. Similares resultados se consiguieron en una investigación realizada en Inglaterra (Br J Psychiatry 95:408). Una pléyade de trabajos igualmente han puesto en evidencia las ventajas de este tipo de dietas en la prevención de la aterosclerosis, disfunción del endotelio y en consecuencia de las enfermedades cardiovasculares y cerebro-vasculares.


EVITE EL ESTRÉS, HACER MIL COSAS A LA VEZ Y VIVIR ESCLAVIZADO DEL CELULAR
El estrés es capaz de alterar los procesos cognitivos a través de su influencia a nivel de la corteza pre-frontal, tal como lo comprobó un estudio realizado en los EUA en estudiantes de medicina que se preparaban para la presentación de sus exámenes. Por otro lado, estudios realizados en modelos experimentales de enfermedad de Alzheimer han reportado que el estrés combinado con la deposición de proteína beta amiloide produce mayores alteraciones que cada factor por separado.
Los individuos que hacen múltiples tareas a la vez (Multitaskers) por lo general ignoran estímulos que ocurren a su alrededor, sin embargo esto puede convertirse en una condición peligrosa al desatender señales importantes en su entorno. En un estudio reciente hablar o prepararse para hacerlo por teléfonos celulares puede interferir por instantes el procesamiento visual. Debido a esto, la Alcaldía de Nueva York prohibió el uso de celulares por parte de los taxistas. En otro estudio que analizó la distracción que experimentaban los peatones de un Campus Universitario, los usuarios de teléfonos celulares cambiaban de dirección más frecuentemente y el riesgo de colisión y accidentes fue mayor. Solo el 25% de éstos lograron darse cuenta de estímulos visuales importantes en comparación con el 61% de los que usaban Ipods , 51% y 71% de aquellos que hablaban con una pareja al caminar (App Cognit Psychol Oct 19).
De esta forma, no solo manejar sino también caminar puede volverse peligroso si se habla al mismo tiempo por celular (sin contar el peligro de escribir texto mientras se camina o se conduce).
¿Qué podemos concluir de estas historias? Explore estos factores en usted mismo: Coma bien, haga ejercicio, minimice el estrés, tenga un horario de dormir adecuado y no use el celular cuando esté haciendo alguna otra cosa que no sea estar sentado.  

Dr. Valmore Bermúdez Pirela